jueves, 29 de abril de 2010

Mouriño

Piojoso, liendroso, potroso, enano, tripasdehule, hocicotordo, morroputa, mugroso, borracho, teatrero, cobarde, mojón, cabrón, pelotudo, payaso sudaleches, barriobajero, corrupto, papanatas, zumallo, zamarro, bribón, canalla, chuloplayas, mangurrino, pavón, cenutrio, cabezón, rencoroso, canalla, boludo, trucho, comemierda, soplagaitas, mamarracho, tontolaba, pendejo, tragasopas, villano, arrugado, traidor, tarado, pinche, baboso, cierrabares, bocabuzón, sinvergüenza, bilioso, mafioso, vuelcapupitres, pulgoso, fistro, pecador de la pradera, sinsorgas, fangoso, bocarratón, cateto, hipotenuso, pesao, obtuso, tragasables, malo, paquete, correveidile, chivato, bufón, cazurro, amargado, cretino, homologable, soso, cutre, violetero, perfumao, fumeta, paleto, pringao, hortera, cantón, haragán, borde, pocagracia, atontao, grifoso, mentecato, miserable, , moñas, palurdo, negrero, panoli, pelandusco, botarate, pesetero, pregonao, jartosopas, pijorroncho, abrazafarolas, pirado, porrero, almendrao, malabotonao, puñetero, ratero, roñoso, sabandija, sarnoso, soplaflautas, sopladordevidrio, tarugo, borde, tocapelotas, revientabaúles, torpe, vividor, vivales, zángano, tanguero, tahurdelmississipi, zopenco, merengón, zorronazo, vulgar, acojonao, ajqueroso, dictador, marimandón, basura, berzotas, bobo, apergaminao, broncas, cagao, calzonazos, ceporro, chorizo, desgraciado, cagamandurrias, descerebrado, hijodemilpadres, desubicado, bolero, pegacromos, engañabobos, filibustero, envenenasuegras, estafador, provocador, escocío, farsante, gángster, frustrado, patasgallo, delincuente, gañán, perillán, granuja, greñoso, guarrindongo, huevón, ignorante, tragalitronas, caraleches, colgao, sacamuelas, mentecato, mantecao, vivalavirgen, marsupilami, enano, gorilón, patoso, iluminao, pavo, vil, alpargatero, tacaño, negado, concentraodeuva, calimero, rijoso, poliasqueroso, megasudao, culibajo, cuellicorto, tuerto, atabacao, friki, indocumentado, robaculero, soberbio, alucinado, cizañero, marmota, vago, carroñero, botarate, tapia, leño, ordeñacabras, enjabonao, botijo, candelabro, parao, pulloso, caraculo, suplicao, vidrioso, lombriz, pastoso, atontolinao, taponado, cuentista, fantasioso, macarra, asaltaviejas, ratero, apandador, golfo, mindundi, gangosomental, zurrón, pelao, salido, mantero, abusón, binguero, buscón, secretariodeestado, creído, ganso, morralla, rufián, estreñido, quinqui, carcamal, besugo, empotrao, milonguero, blasonao, bergantín, pirata, triposo, panzudo, follonero, plúmbeo, chamarilero, alfeñique, petardo, pandillero, gusano, .enajenao, prescindible, mendrugo, chupacabras, versero, regadera, fantasmón, empanado, pijo, chaquetero, metepatas, bocazas, chorra, trolero, chupatintas, amañao, segundón, descontrolado, chupóptero, bluf, tocino, capuma, enchufado, culiprieto y tramposo.

Y si, un gran entrenador.

Eso sin duda.

domingo, 25 de abril de 2010

¡Volando voy, volando vengo!

Magma. Acumulación. Presión. Estallido... Un montón de piedras, agua y cenizas (¿a qué cacho de guijarros le llamarán cenizas?) por el aire y todo se ha ido a tomar el viento, nunca mejor dicho. O sea, Europa entera se ha paralizado porque a un puñetero volcán de una puñetera isla le ha dado por saludar un poquito y decir ¡hola, que estoy aquí! Uno de los miles que hay en el mundo. No quiero ni pensar lo que pasará el día que se junten dos amiguetes de piedra con ganas de juerga y decidan comunicarse a base de erupciones. Ese día apaga y vámonos con Al Gore a celebrar que el calentamiento global (y sí, la importantísima y trascendente vida humana) se ha acabado. O sea, el calentamiento, el enfriamiento y la tibieza. Y nos vendrá de perlas recordar que este planeta, cada "n" millones de años, envía a todos sus habitantes a la tumba para que las generaciones futuras puedan tener petróleo barato. Así que, partiendo de esa premisa, vivo tranquilo sabiendo que una ligerísima variación térmica en el sol puede suponer que acabemos todos como las langostas inglesas de Lloret o las alemanas de Mallorca. O sea, quemados hasta el tuétano.

Y si. De un plumazo se han pospuesto las reuniones fundamentales para definir ese peazo de fusión, esa cacho de comida en París para evaluar la posibilidad de crear un subcomité del comité que evalúe las oportunidades de las derivadas de las pre-conclusiones del informe plurianual de la reflexión de la incorporación de Turquía al arco mediterráneo inferior y suma y sigue. Y miles de paletos vestidos de Armani han colapsado las salas VIP de los aeropuertos gritando a sus secretarias - ¡por el amor de Dios, Conchi, consíguemelo! ¡Hazlo, que para eso te pago! ¡Sácame de aquí! ¡Arráncalo, Carlos, arráncalo! Y la Conchi – y muchas otras – habrán pensado que sí, que ahora a las seis se va a ver Gran Hermano Bis El Retorno Glam de las Mentes Maravillosas y que a su jefe le vayan dando mucha morcilla allí donde esté. Y que se joda en ese hotel de cinco estrellas con el salmón fumé y la madre que le parió. Ya lo sé. Ya sé que a mucha gente normal y corriente – gente pata negra – el volcán también se le ha llevado por delante trabajo, ilusiones, vacaciones y reencuentros. O sea, cosas muy serias. Pero la vida es así. Uno planea al milímetro, traza una línea recta como la del pantalón del traje de Mario Conde y llega la vida y pega un hachazo que envía el plan y todo lo que habíamos soñado al garete.

Vivimos en un mundo esclavo de la ciencia. Y todos, como si fuéramos tontos del culo, asentimos y decimos que sí, claro, que si el Comité Central de Listos de las Cenizas Aéreas lo dice, será por algo. Y lo mismo con la famosísima gripe A. Nos contaron una bola fastuosa – yo me la tragué hasta el fondo -, la Trini se gasto un huevo de pato en vacunas – a pesar de que había ya datos contrastados de su levedad en América Latina -, y ahí están, 11 millones de dosis en el despacho de Trinidad Jiménez esperando que alguien mire para otro lado y pueda tirarlas al contenedor de "metedura de patas", que es el de color rojo con la rosa y el puño. Al ladito del marrón de basura orgánica. Por si la ministra decide hacer un dos por uno y reciclarse ella en Bibiana Aído.

Hemos montado un tinglado en el que lo que mola es vivir aterrorizados. Por una razón muy simple: la gente con miedo es fácilmente manipulable. Y cuando no es el volcán y las peligrosísimas cenizas, es la gripe A y su similitud con la del 18, o no fume (yo durante años fumé en los aviones, con gravísimo peligro para el vuelo, según me cuentan ahora – tócate las narices, pelusín!), no beba, no se mueva mucho, sea mediterráneo, abandone el txoko, protéjase de todo y así vivirá fatal, pero un montón de años. ¡Hasta los viejos ya no se mueren de viejos, si no de enfermedades normales y corrientes! Y uno escucha aterrorizado: murió de un infarto y como tenía 102 años, no lo superó. ¡que no, coño, que se murió de viejo!

Creo que vivimos engañados. Y lo peor, esclavos de cosas que no entendemos. Nos fiamos de una peña que ha decidido, cada pocos meses, contarnos una milonga global. Y nosotros, en vez de decir que sí, que se vayan a la mierda, que aquí me quedo tomando el vermú (no bebas) con un puro (no fumes), bajo el sol de Menorca (tápate) con mi churri (protégete), corremos a pedir una coca cola zero, comer un caramelo sin azúcar (¡!) bajo una triste sombrilla y a hacernos análisis por si la parienta ha tenido un desliz.

Y claro, el hombre acojonado es menos hombre. En todos los sentidos, pero sobre todo en uno: es menos libre.

Lo dijo un santo: ¡ama y haz lo que quieras!

Pues eso.

lunes, 19 de abril de 2010

¡Salvemos al marsupilami!

Era un bicho simpático. Una especie de mono con piel de leopardo y con una cola larguísima y, cuando se enfadaba, tenía una mala leche espantosa y arreaba unos zurriagazos que hacía temblar a los malos. A mí los animales justicieros me han gustado siempre. Y los no justicieros también. Y como soy bíblico y cursi, me gusta eso que dijeron a los primeros seres humanos: "enseñorearos de todo lo creado". Ya no se habla así. Y es una pena. Y eso de enseñorearse incluía a todos los bichos, toros incluidos (aunque creo que los de lidia no existían todavía…) y el verbo excluía hacer el bestia con los animales. O eso creo.

A mí los toros me gustan mucho. Y, como me gustan, me desagradan las reuniones de parroquianos donde los apiolan sin ninguna misericordia. Cualquier reunión. Llámense como se llamen. O sea, no me gustan las corridas de toros. Y debo reconocer que me faltan datos, porque no he estado en la plaza en mi vida. Y a no ser que el maestro Nacho García Campos se arme de paciencia y argumentos y me lleve a ver a José Tomás a Barcelona, creo que moriré sin ver una. E iré para confirmar lo que creo: que es una fiesta sangrienta. Nacho, ¡tú mismo!

Es el nuestro un país de costumbres atávicas. Hemos mejorado, porque antes en no sé qué pueblo los mozos y las mozas tiraban de una oca convenientemente amarrada del gaznate hasta que le separaban la cabeza del cuello; y en otro lugar tiraban una cabra del campanario y se descojonaban (la cabra y los presentes). Parece que ahora lo han prohibido, en aras de poner límite a la bestialidad humana, que cuando la dejas suelta, es ilimitada. Y en ese punto, a mí los defensores de los animales me molan. No los llamados progresistas que con la mano derecha salvan a los toros mientras con la izquierda aprietan el botón de triturar seres humanos (o lo que sean, de acuerdo con la ínclita y nunca bien ponderada Aído). Ni aquellos nacionalistas que quieren prohibir corridas porque les suena español, en un alarde táctico (uno más) para el objetivo estratégico de odiar lo español para ensalzar lo catalán. Y separarse.

Con el permiso de ustedes y si la autoridad lo permite, haré un quiebro y diré lo que quiero decir: ¿Cómo es posible que el ser humano sea tan piadoso con los animales y tan bestialmente descarnado con el ser humano? ¿Cómo es posible que en un país civilizado y avanzado, la solución considerada más progresista sea la eliminación del problema? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar a personas que consideran al ser humano una puñetera mercancía de quita y pon? ¿Cuándo nos pondremos las pilas para establecer una red social ESTATAL - ¡oh dioses! - de apoyo a la mujer embarazada para darle alternativas diferentes que la de matar a su hijo? Recuerdo al hipotético lector que hay redes de protección para casi todos los colectivos desfavorecidos. Para casi todos, porque los existentes para mujeres embarazadas son directamente antesalas de la carnicería.

Y ya sé, porque no soy gilipollas, que las que se quedan embarazadas y tienen que pasar por el aro son, como siempre, las pobres. O sea, la inmigrante ilegal aterrorizada por el riesgo de que la deporten, o la niña del McDonalds que patinó con el de ojos azules y que éste (machote) le ha dicho que verdes las han segado y se encuentra con un bombo a los 16 y no tiene ni puta idea de qué hacer. O la violada. O la desgraciada que vive en cualquier barrio marginal de este sanguinario país. Porque cuando esto le pasa a la duquesa de Kent, ésa sí sabe qué hacer. Y hará lo que sea, pero no puede alegar indefensión. Pero a éstas, de facto, sólo se les ofrece una alternativa: el aborto. Cuatro criminales se reparten el pastel. Y el Estado, que debe defender a sus ciudadanos, mira para otro lado, huyendo como una rata de sus responsabilidades. ¡Tan avanzados para unas cosas y tan primitivos para otras!

La maquinaria está perfectamente engrasada. Y funciona con precisión suiza. Es un negocio brutal.

El negocio con el que Europa toca fondo.

¡Qué coño! ¡Son solo seres humanos!

¡Salvemos al marsupilami!

jueves, 1 de abril de 2010

Elena

Sé que cuando lo lea se agarrará un cabreo tremebundo y me enviará a freír espárragos a Antequera o a tomar el viento a Segovia. Lo sé porque nos conocemos muy bien y nos queremos un mundo. Nos conocemos muy bien porque yo empecé a cogerla en brazos cuando ella era una niña de pocos años y así me pasé – junto a mis diez hermanos – toda mi adolescencia, la carrera universitaria y seguimos después, cuando nos hicimos mayores, hasta que apareció de repente un maromo de El Ferrol y puso orden, dijo que basta de elevar a su mujer, que esas cosas las tienen que hacer los maridos. Y hasta ahora.

Elena no puede andar. Un virus cabrón la dejó en silla de ruedas cuando era niña. No tengo – ni yo ni nadie – lo que hay que tener para llamarla minusválida porque mientras la peña andaba mirándola con esa típica cara entre compungida y compasiva en su silla – pobrecica ella, decían los tontos -, la tía aprovechó para rodearse de amigos de esos que no te los quitas ni con espátula, sacarse la carrera de medicina – con dos largas estancias en la clínica por heridas de guerra - y se hizo mayor en Madrid, viviendo sola en un piso de Cuatro Caminos pidiendo a los camellos paquistaníes de la Glorieta que le hicieran el favor de ayudarla a subir y bajar las aceras, y trabajando en un centro médico de la Gran Vía con infecciosos – o sea, enfermos de SIDA y otras lindezas. O sea, lo que hace la gente normal (me descuajeringo de risa). Y un día, llegó un tío que se viste por los pies, gallego él, experto en documentos oficiales y músicas oficiosas y raras, y la llevó al altar. Y ahí anda, de madre total, con dos críos gordos como tocinillos que da gloria verlos. Y un marido que – el tío le llama papá y mamá a mis padres - es un hermano más.

Y sí. Al hilo de esto podría hablar del sufrimiento llevado con un par de narices, o de la unión familiar, o de unos padres a los que nunca oí ni yo ni nadie el menor atisbo de queja, si no todo lo contrario. Pero no. No me da la gana. Porque todo eso iba en el sueldo de la vida. En las cartas que te reparten. Y aquí sí, esas cartas se pueden jugar de muchas maneras. Y lo diré porque es la puñetera verdad: se jugaron de forma extraordinaria por todos los que estaban sentados a la mesa, que eran multitud. Y cada día se sentaban más y no había manera de que la mano bajase de escalera real. Y creo que nos acostumbramos a ganar siempre. Y sin poner cara de póker, subíamos cada apuesta y nos la llevábamos. Y claro, aquello era una fiesta sin fin. Y sigue siéndolo.

Y eso te cambia la perspectiva. Y empiezas a verlo todo, como dijo un santo, "con una nueva claridad". Y en esa claridad uno descubre que sí, que hay gente que sufre cantidad y con problemas muy serios. Y otra que vive de película pero que se arrastra por la vida poniendo cara de pena y con una especie de lamento continuo y maldiciendo su suerte, como si hubiese una conspiración interestelar para joderles y como si la suerte tuviese algo que ver con la vida. Reconozco que no los soporto. Porque sé que es mentira. Sin más. Porque conozco gente que sufre y ha sufrido de verdad y de forma heroica y la ves coger su mochila todos los días y tirar montaña arriba con una sonrisa. Y cuando se estozolan, se levantan, se curan las heridas y siguen subiendo. Con más cicatrices y esa sorprendente e indescifrable sonrisa. Y a veces pienso, ¿y éste por qué coño sonríe con la que le está cayendo? Y como no sé qué contestarme, me limito a admirarles. Y a utilizarles como argumento para decir que, de entre todos los escaladores, hay una que coronó los 8848 del Everest de la vida y que ahí anda, la cabrita de ella, acompañada de otro escalador, buscando otros picos que conquistar. Con un par de narices.

Porque las cosas habrá que decirlas.

Aunque te fastidien Helen.

No me llames.

¡Ni de coña!

miércoles, 24 de marzo de 2010

¡Maldita gente!

La gente es algo inevitable. Te guste o no te guste, ahí están. Con sus caras y sus cuerpos polimorfos y sus ideas pobres, corrientes, belloteras, sublimes, vulgares u originales y sus rollos y sus problemas y su oportunidad o inoportunidad. Y hay días en los que uno está más dispuesto a aceptarla y días en los que uno la enviaría a tomar el viento. Pero no por eso dejan de estar. La hay de todo tipo y color. Soportable e insoportable. Ocupada y ociosa. Sonriente y cabreada. Heroica y cutre. En avión o en tren. Negra, amarilla, ocre, marrón, roja y blanca. Hay cantidad. Resulta agobiante. Vayas donde vayas, hay gente. ¡Coño, están hasta en tu casa!

Debo decir que yo amo al género humano, pero a mi manera. O sea, no soy del tipo optimista vital y simpatiquísimo al que le encanta todo y todo le hace sonreír y que va por la calle boquiabierto ante el vuelo de un puñetero gorrión o dando gracias a Dios por el arco iris. Nada de eso. Confieso que en ocasiones me gustaría ser así, pero cada uno es como es y en el reparto de caracteres, me tocó uno del tipo simpático a días, y tampoco mucho. Pero no por eso dejo de valorar a las personas cuya manera de ser facilita la convivencia. Y éste no es un asunto menor. Una sonrisa oportuna y una voz amable en el puente de ganado aéreo de Iberia de las seis cuarenta y cinco puede cambiar, si no el día, sí cómo afrontes esa tortura que es viajar en avión. Y un encuentro con una persona amable, educada y simpática puede ayudar a sacudirte ese problema – grave o estúpido – que niebla tu día. Hay sonrisas que desarman. Miradas que te envuelven en un halo de paz. Gestos que te reconcilian con el ser humano. Y casi todos vienen de gente que – siempre con esfuerzo, heroico a veces – han decidido que querer a los demás es una buena estrategia de vida. No sé muy bien cómo se hace eso, porque a mí el automático me pide enviar a tomar el viento al modelo de tío peñazo, tostón, inoportuno y tonto. Pero, probablemente por eso mismo, sé que aguantar y no hacerlo es lo que debo hacer.

Hubo un santo que lo dijo gráficamente: hay que poner el corazón en el suelo para que los demás pisen blando. Ya se sabe que los santos suelen decir cosas para otros santos, así que la traducción libre de los que no somos santos ni apuntamos maneras es que debemos intentar respirar hondo diez veces antes de enviar a la peña a la mierda. Y si después de eso logramos sonreír, miel sobre hojuelas. Y si esa sonrisa – que será una especie de mueca, seguro – la consigues transformar en una palabra amable, estás al inicio del sendero correcto.

Hay gente con ángel. Y gente con menos gracia que los Morancos. Y gente a la que le sale de dentro de su alma ser simpática. Y gente a la que no nos sale. A veces nos sale todo lo contrario. Pues bien, con más o menos gracia, más o menos esfuerzo y más o menos éxito, tenemos que iniciar una cruzada para que la gente que nos rodea (todo el mundo tiene cien tíos alrededor con los que se cruza), para que esa gente, pise más blando. Lo tenga más fácil. Sea más feliz.

Porque creo que la gente cabreada, hostil, agresiva, cortante, seca y, en suma, imbécil, hacen que este mundo sea un lugar más intransitable. Más penoso. Más vulgar. Más zafio. Peor.

Y esto no depende de tu carácter.

Depende, como casi todo, de tu voluntad.

O sea, de ti.

jueves, 4 de marzo de 2010

In the last time of government, every day, all day, bonsais…

Ya, ya. Pobrecico mío. Es que le pilló la época del francés y entre ser diputado por León, y el baloncesto, y las niñas góticas y la esposa doricojónica no tuvo tiempo – ¡por Dios bendito! – de escaparse unos días a Irlanda a aprender ese idioma imperialista (y yankee) que hablan algunos miles de millones de individuos. Entre ellos, todos los que son o quieren ser algo en la vida. Es natural. Lo raro sería que un Presidente de Gobierno español hablase el idioma inglés. Exceptúo de esta afirmación a D. Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, que tenía la cuna y educación que tenía y, además, la educación que se procuró. Pero quitando a la peña dirigente de clase alta, al resto no los podemos enviar al extranjero sin el riesgo de que protagonicen momentos ridículos que harían sonrojar al país entero, si no fuera porque este país - que tan poco se quiere a sí mismo - no se sonroja ni cuando mendigamos una sonrisa a Obama o una puñetera silla en el G-8, G-20 ó G-1000.

Cierto es que Suárez y González cantaban menos, con ese rollo de la transición y el cambio, y ese careto de estadistas que traían puesto y ese "saber callarse" en la escena internacional donde, por cierto, nuestro peso era, como en la actualidad, irrisorio. Pero una vez se ha acabado el asunto de "transitar" y ha habido que coger el toro por los cuernos y presentarnos en la escena política internacional de primera división y jugar allí, nos hemos dado cuenta de que – en comparación con los países que mandan – nuestros políticos son vergonzantes, cenutrios, sectarios, incultos, provincianos y más vagos que la chaqueta del responsable de calidad de servicio de Iberia. Vaya, gente de bajísimo nivel que no pasaría el primer filtro de selección en cualquier empresa. Una panda de mindundis. Por eso, supongo, se dedicaron y se dedican a la política.

Y así nos luce el pelo. Nuestros Presidentes son el reflejo fiel del país en el que vivimos. No es Zapatero. Es España la que contesta con una estúpida sonrisa "sólo en español" a los requerimientos de una periodista inglesa. Cosa que no ocurre en Cuenca, señores, sino enfrente del 10 de Downing Street. Y no es Aznar, si no España la que, con ridículo deje tejano, contesta a la prensa norteamericana: "¡estamos trabajando en ello!", como si se hubiese tragado toda el "agua de fuego" de la reserva de los sioux, si es que existen. Y es España, al fin y a la postre, la que con los pies encima de la mesa, o bailando danzas tradicionales africanas o hablando congoleño (¡hay que oír a Moratinos en pleno ataque epiléptico - lingüístico antes de morir!), es España, repito, la que hace un ridículo internacional del que sólo – y muy de vez en cuando - nos saca el Rey, que tiene la ventaja de que habla el inglés como el español. O sea, fatal. Pero con ese acento Borbón amodorrante e inconfundible (y parece que entendible) consigue templar las gaitas. Y así, utilizando al Monarca, este Gobierno deja, por lo menos, la arrastrada bandera española a media asta.

Tengo algún amigo político que no le gustará lo que digo y me acusará – con más razón que la madre de Leire Pajín - de meter en el mismo cesto a honrados y chorizos, a inútiles y eficaces, a ladrones y santos, a servidores y aprovechados. Lo sé. Pero es cuestión de estadísticas. De un tiempo a esta parte, soltamos por el mundo unos tíos analfabetos lingüísticos incapaces de relacionarse de tú a tú con sus pares. Gente poco seria. Otros más serios (¡quién me ha visto y quién me ve!) como Jordi Pujol se despachan en alemán, francés, catalán, castellano e inglés (este último con menos soltura, pero muy "apañadito") y claro, vendiendo Cataluña a quien en el mundo quiera oírle en el mismo idioma. Que alguno habrá. Vaya, le dan un par de años más, y aprende chino.

Pero lo de este inútil no tiene excusa. Es un ignorante. Uno más. Un Presidente del Gobierno que representa fielmente a un pueblo bastante ignorante también. Y cuando franqueado por Schroeder y Chirac pasea por el jardín de la Moncloa y les dice: "in the last time of the government, every day, all day, bonsais", yo no sé ustedes, pero a mí me pasa lo mismo que a Chirac: que repite "bonsáis", piensa que menudo paleto le han traído, se descuajeringa de risa y, en el fondo de su corazoncito francés se dice: "¡qué bien les hubiese ido a estos provincianos algunos siglos de ilustración!".

Y José Luis acelera el paso, a echarse en brazos de la intérprete.

Hay días en los que quisiera ser francés…

Mon dieu!

viernes, 26 de febrero de 2010

Discriminando, que es gerundio

¡Que no, Bibiana! Que por mucho que te empeñes en afirmarlo, la mujer no es un ser inferior. ¡Que no, tontita! Que por mucho que te empeñes en convencernos, la mujer no es un objeto sexual. ¡Que no, Aído, que no! Que por mucho que gastes la poca viruta que tienes en proclamarlo, la mujer no es un ser discapacitado. ¡Que no! Te lo digo yo, que lo sé. La mujer, señora Ministra, es un ser humano igual al hombre en dignidad, derechos y oportunidades (no hablo de la situación actual de las laborales) y profundamente diferente en cuanto a capacidades. Es simple, ellas tienen más.

No es que haya hecho un estudio, ni siquiera he leído estadísticas. Pero me las conozco muy bien. Obviaré el pequeño detalle de que tengo seis hijas y un hijo, y me centraré en el pequeño detalle de que llevo más de veinticinco años trabajando codo con codo con ellas. Y sé que los próximos veinticinco tienen sexo: femenino. No hay quien lo pare – ni falta que hace -, sólo hace falta echar un vistazo y darse cuenta de que de aquí a nada los puestos de responsabilidad estarán copados por mujeres. Lo sé porque ya se han hecho con el poder en otros escalones de las empresas. Y van subiendo. Lento, porque este es un país cutre de narices y de estructuras medievales, pero seguro. Nos quedan pocos años. A pesar de las insultantes políticas del Ministerio de Igualdad.

Vivimos en un país atrasado, salchichero, medieval y bastante esclavo. Con estructuras caducas y una peña dirigente formada en la discriminación. Pero les quedan dos días. Y si, es un país machista de narices. Es tan machista que hasta un Gobierno teóricamente progresista – permítame que me muera de risa – ha creado un Ministerio de Igualdad dotado con un presupuesto irrisorio (cercano a los 80 millones de euros… miseria y compañía), ha puesto al frente a una inútil declarada que ha promovido campañas denigratorias para la mujer (algunas espeluznantes -y no estoy hablando del aborto) y la peña feminista subvencionada le anda riéndole las gracias en vez de plantarse ante la cara de ZP y exigirle que se ponga las pilas y que haga políticas serias, por ejemplo, de conciliación familiar, por si alguna mujer – alguna habrá – quiere ser una profesional de alto nivel sin renunciar a ser madre. Pero ese es un rollo que requiere capacidad y valentía, y es más fácil el trazo de brocha gorda que el cincel. Más fácil la demagogia que la justicia. Como casi todo en este asco de Gobierno que nos insulta a diario.

Empiezo a ser mayor y a veces me falla el riego y, a pesar de eso, recuerdo muy bien cuando empecé en esto de la consultoría. No había mujeres donde iba. Hoy si. Muchas y en puestos de responsabilidad. Cierto es que en la enorme empresa los Consejos están lleno de hombres viejos. Cuestión de tiempo. Sé que es cuestión de tiempo porque como siempre que las estructuras no cambian, los hechos las hacen cambiar. Y el hecho es que el mercado está lleno de mujeres muchísimo más preparadas que los hombres. No todo es Jauja, y las hay listas, normales y tontas del culo. Con iniciativa y paraditas. Valientes y cobardes. Clavadito, clavadito a lo que pasa con los hombres.

Mujeres a las que cuando Bibiana Aído, "la miembra de la Gobierna", saca a la palestra un mapa genital femenino, se les revuelven las entrañas y – hay que oírlas, machote – andan pensando en que vale, que casi mejor saque el mapa genital femenino de la pastelera madre que la parió. Y que se alteran cuando la patulea feminista en vez de ir al Ministerio a mandarla a tomar el viento, le ríen la gracia y, abanicos en mano, le dan aire y le jalean: ¡Bibi, anda, échanos más de eso, que es lo que necesitamos!

Y lo sé, porque hablo con ellas. Y me acuerdo de Teresa, directora de recursos humanos de un escuela de negocios importantísima y con un montón de hijos, y de Marta, que trabaja a caballo entre Italia y España, y de Vanessa, que ha enviado a tomar el viento un trabajo fijo para irse al quinto pino a mejorar durante algunos meses, y de Almudena, que trabaja catorce horas y cuida de sus dos hijos, y de mi mujer, que trabaja como una mala bestia y además educa (y yo le ayudo, claro) a los siete hijos que tenemos. Y sé que a ellas este rollo del Ministerio las ofende y, a la fin y a la postre, les trae al pairo, porque ya han empezado a cambiar todo por su cuenta, pasando de las políticas de ave de corral de este Ministerio. Y sé que ellas pueden más. En todo.

Lo sé, porque las conozco.

Son para echarse a temblar, hermano…