lunes, 25 de octubre de 2010

El florecimiento de los capullos vivientes

Sólo pensar que existe la remota posibilidad de que permitan el uso de los teléfonos móviles en los aviones me provoca crueles sarpullidos y océanos de sudores fríos; tan mal me encuentro que estoy a pique de telefonear a mi queridísimo Pepiño Blanco y rogarle e implorarle por Santa Bibiana, Santa/o Bibi Andersen, Santa/o/e Aído y la Beata de Virtudes Heroicas Pajín que haga uso de los poderes delegados por el gótico-dórico-jónico y lo prohíba. Por la gloria de su madre. Por Dios bendito. Por el descanso y la paz de mi alma, Rubalcaba mediante.

Están a punto de violar el último sacrosanto lugar de las personas normales. Los gilipollas se meten por doquier. Y este doquier - estrecho, incómodo y mal ventilado, pero vedado a los móviles – era hasta la fecha inexpugnable, bajo las incomprensibles y peregrinas excusas cantadas por la azafata de turno: "Rogamos apaguen los dispositivos electrónicos por el riesgo de que produzcan interferencias con los instrumentos de vuelo". A mi esta frase me parece preciosa, y junto a la gilipollez del chaleco salvavidas en el puente aéreo - por si te caes al Ebro, no vayas a sobrevivir al tozolón y te mueras ahogado -, es una de mis preferidas. Porque está dicha para que la gente la escuche, pase de todo, cierre los ojos y se duerma. O no. O vuele aterrorizada. O se sople tres whiskies. O lo que suela hacer en el avión, pero con la seguridad de que esas palabras de la azafata dando instrucciones absurdas son las únicas que oirás de fondo en todo el vuelo.

Pero eso está a punto de acabar, si alguien no lo remedia, que no lo remediará. Vamos a perder sin lucha el último lugar público que quedaba a salvo de los zombies androides con móvil incorporado que, como aquella peli de Bruce Willis, creen que están vivos, pero en realidad están muertos y que han tomado ya todo espacio público, sagrado o pagano.

Según mi experiencia, los hay de dos tipos: los muertos que se creen Consejeros Delegados de ENDESA y los muertos que se creen Madoff. Los dos creen que están vivos, viven en un mundo que no existe, no saben que han muerto, odian lo que hacen y se creen más de lo que son. A veces interactúan con el mundo que les rodea pero su estado natural es hablar a gritos con un teléfono móvil con – según he podido comprobar - dos objetivos: cerrar absurdos acuerdos que nadie se cree con otros muertos que se creen también Consejeros Delegados (suelen ser IBERDROLA) y criticar o dirigir a otros prójimos que sólo existen en su imaginación. Las conversaciones suelen ser de esta guisa: "Loli, cariño, ¡Cómo es que no han llegado los tablones de contrachapado a nuestra delegación de Ciudad Real! ¿Está Jiménez detrás de eso? ¿Cómo es posible que el track no funcione? ¡Contratamos la trazabilidad de la madre que parió al RFID para estos casos! Habla con la central y que Benita les de caña a esos hijos de puta. ¡Yo no puedo perder ese pedido! ¡Pon a Ramírez en marcha y dile que YO he dicho que enruten la archiCPU del cuadro madre y que, si no chuta, reseteen el sistema entero. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…! ¡Que lo hagan! Just do it! Be water!... o todo desaparecerá como lágrimas en la lluvia ". Y el capullo florecido con esa especie de cosa ridícula sobre su oreja, cuelga o lo que carajo haga, para inmediatamente contactar con el resto de la peña y seguir tocando los huevos un rato.

Es una auténtica tragedia, pero es un hecho incontrovertible: con la llegada del otoño, junto con la caída de la hoja caduca, los capullos perennes florecen que es una barbaridad. Y a mí que florezcan en el amapolado campo me trae al pairo. Pero que lo hagan en el impoluto y cerrado AVE Barcelona – Madrid o a la inversa, me pone de mala leche. Como tengo siete hijos, procuro viajar en preferente – me sale tirao – con la vana esperanza de poder evitar a esos vendedores de cuarta híbridos entre Belén Esteban y Joan Laporta. Pero ya han invadido la preferente y paso de cambiarme a Clase Club. Esto ya es un pastizal y lo dejo para la Nebrera, la Sánchez Camacho y otras políticas así, de alcurnia. Así que me iba en avioncete, a salvo de esta sarta de capullos. Pero esto se acaba. No me dejan más alternativa que aguantarlos. O sea, no sólo no puedo fumar, sino que además estoy obligado a soportar sin arrear guantazos a todo pesado con una Blackberry.

Es curioso. Lo he dicho en algún sitio (cada vez que puedo), pero lo repetiré: el acceso de gente sin ninguna formación a puestos de responsabilidad es letal para las empresas y molesto y casi letal para el resto del mundo.

¿Para cuándo móviles con fotos de capullos asesinados por gritar en espacios cerrados?

"Gritar por el móvil puede provocar la reacción airada del prójimo. No sea imbécil", sería la leyenda.

Pero no caerá esa breva.

A joderse toca.

martes, 7 de septiembre de 2010

¡La hostia!

Madrid. Finales de Julio del presente año. 36 grados al sol, 30 a la sombra, 23 en las lujosas oficinas de una empresa española gordísima. Yo, con traje azul cruzado de verano. Esperando. Mi acompañante, con traje de entretiempo (craso error). Ha venido sudando como un pollo, pero parece que la climatización del edificio va devolviéndole a su ser sólido. Menos mal. También a la espera. Se abre la puerta y aparece el Consejero Delegado. Cordiales apretones de manos. Cruce de corteses intereses. El viaje, bien. Madrugón, ya sabes, etcétera. Y la gran declaración del másmanda: ¡Es que joder, Carlos, en esta puta ciudad hace un calor de la hostia!

San Quirico de Safaja. 16 de Agosto del corriente. 27 grados en la piscina del Club El Roure. Tumbado sobre el césped en bañador. Entre matrimonios amigos, niños, suegras y semovientes. Un tipo inmenso se despereza, se medio incorpora para decir: ¡Aquí se está de la hostia! Después se desploma sobre su toalla, supongo que agotado del esfuerzo mental de tal declarada y sigue tomando el sol como un lagarto, a la espera de que otra neurona se le despierte.

Y entre una reunión y otra, un sinfín, una retahíla inacabable de hostias que hacen que la relación con algunos seres humanos sea más desagradable de lo que debiera. Y es algo consolidado. De moda permanente y desde hace años. Yo lo oí por primera vez a los trece años (¡trece!) y me produjo una sensación incómoda, un malestar interior de una cierta intensidad (tanto que hasta lo recuerdo…) porque para lo que aquel cabestro era una vulgar expresión, para mí era una blasfemia. Y los trece años yo tenía muy pocas cosas claras, pero una de ellas era que la Hostia era el cuerpo de Cristo consagrado, y que uno puede (y debe) patinar con muchas cosas. Pero con otras, exactamente con las que conforman el núcleo de creencias a las que agarrarte cuando todo se va a la mierda, o cuando estás a punto de palmar, con esas mejor no jugar. Por muchos motivos, esencialmente relacionados con el respeto al prójimo (en segundo lugar) y el respeto a Cristo (en primer lugar).

Pero es una batalla perdida. No sé por qué, pero blasfemar contra el Dios de los cristianos se ha puesto de moda. Será que los católicos somos así, comprensivos, tolerantes y caritativos de cojones, y permitimos que se rían, mofen y befen de nuestras creencias más básicas sin mandar a tomar pol culo a a nadie. Con excepción de Italia (y en mucho menor grado) yo nunca he visto algo semejante en otros países. Vaya, no pongo el ejemplo de Argentina, donde los católicos se persignan al pasar ante una Iglesia, con la misma naturalidad con la cruzan la calle, o Marruecos, donde a nadie se le ocurre blasfemar sobre Alá o Mahoma (te cortan las pelotas). Pero en los países civilizados, las creencias del prójimo son sagradas y la peña anda con mucho cuidadín antes de ofender a los demás con expresiones de ese tipo.

Pero aquí somos así, señora. Diferentes. Tolerantes. Groseros. Sin ningún respeto al prójimo. Iletrados como pocos. Paletos, analfabetos y cortos de vocabulario. Y algunos, blasfemos. Será por la guerra, las dos Españas, los curas o la Pasionaria, pero este es un país cutre. Nunca hemos estado más formados y menos educados. Y las cosas han dejado de ser impresionantes, sorprendentes, fabulosas, inenarrables, indescriptibles o simplemente bonitas, para pasar a ser "cosas de la hostia".

¡Diccionario, por Dios, Diccionario!

Y respeto, joder.

El mismo que esperan esos cortos de vocabulario.

El mismo.

lunes, 28 de junio de 2010

La negra

Era la mayor de nueve hermanos. Cuando la conocí frisaba los cuarenta y, aunque mantenía silencios desconfiados, tenía una mirada limpia y alegre. Había nacido en un minúsculo pueblo campesino cercano a Guayaquil en Ecuador y traía como única pertenencia una mochila vital de esas que uno intuye como pesadísima, pero que ni es capaz ni quiere conocer en su totalidad. Estuvo en casa dos años. Entró el día en el que nació Cristina –a la que adoraba - y se fue una semana antes de que nacieran los gemelos.

Lidiaba con las niñas con la maestría de Manolete y a las vecinas histéricas por el ruido de los niños las trataba con una exquisita educación. Un día una vecina nerviosa la llamo negra y cuando llegamos a casa la encontramos hecha un mar de lágrimas, lamentando la bajeza de ese ser deshumanizado. Luego nos enteramos de que su padre la llamaba negra mientras le propinaba unas palizas brutales. Panda de hijos de puta.

Era puntual como un reloj. Cocinaba fatal una especie de guisos ecuatorianos que los niños devoraban con fruición. Los niños devoran cualquier cosa. Maite y yo evitábamos disimuladamente sus guisos y, ella, que de tonta no tenía ni un pelo, empezó a cocinar con poco éxito algunos platos españoles. Agradecimos el esfuerzo. Estuvimos dos años comiendo fatal. Aunque leía con cierta dificultad, se calzó el Quijote de la "a" a la "z", subrayando con un lápiz las palabras que no entendía para buscarlas en el diccionario y haciendo una marca más profunda allí donde había dejado de leer para retomarlo al día siguiente. Nos iba comentando lo desventurado que era el caballero y cómo era posible que nadie le hubiese ayudado. Aunque se lo regalamos, lo olvidó en casa. Guardo ese libro. Hay libros que no hace falta abrir para aprender de ellos.

Era como de la familia, aunque yo sabía que se iría un día sin decir adiós. Todas lo hacen. Un amigo mío, Francisco Mas, me lo dijo un día: "nunca esperes educación o agradecimiento de quien lucha por salir de la miseria. Limítate a ayudarles. Te utilizarán. Y hacen bien. Déjate utilizar y cállate". Y eso hicimos. Removimos Roma con Santiago para legalizar su situación. Y lo conseguimos en una de esas regularizaciones extraordinarias que se sacó de la manga algún gobierno Aznar. Consiguió los papeles un viernes. El lunes ya no apareció.

Nos sentimos traicionados. Es más, a menos de una semana del nacimiento de los gemelos, consideramos la huida como una afrenta personal. Pero duró poco. El tiempo de darnos cuenta de que ella había sido una ayuda insustituible en un periodo en el que necesitábamos no una mano, si no dos. Ella las dio con generosidad. No era justo ser desagradecido. "Déjate utilizar y cállate".

Hace una semana me llegó una comunicación de algún ministerio de esos que se encargan de que los emigrantes mueran envueltos en papeles absurdos en los que, a falta de domicilio actualizado – hacía ya más de seis años que se había ido – le comunicaban algo sobre unas ayudas oficiales a determinado colectivos de emigrantes.

La busqué para darle el papelito pero no la encontré. Los amigos y los móviles de los emigrantes son de corta duración. Con mucho escepticismo, tecleé su nombre en google. Y ahí estaba. Nombre compuesto completo y dos apellidos. El Gobierno de Navarra le había dado una autorización y una subvención para montar una tienda de chuches y un cibercafé en Cintruénigo, pueblo de Navarra. De Guayaquil a Cintruénigo pasando por Barcelona. ¡Qué maravilla!

Se llamaba Lorena y había viajado doce mil kilómetros para cumplir un sueño: tener algo suyo.

Creo que ha empezado a cumplirlo en Cintruénigo, tierra de promisión.

Ojalá ningún mal nacido la vuelva a llamar negra. Ojalá sea feliz. Ojalá sea la reina de las chuches.

Lo deseo de corazón, Doña Lorena. De verdad.

Gracias.

viernes, 4 de junio de 2010

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

Hace un tiempo conocí una vidente. Que era vidente lo decía ella. Yo me limito a repetir sus palabras. Veía cosas que iban a pasar y escudriñaba sobre lo acontecido. Se llamaba Violeta y no daba ni una. No acertaba ni por casualidad. Vaya, era tan mala vidente como buena persona. Yo era muy amigo de su hijo y – tras mil invitaciones a comer a su casa – me había adoptado como uno más. Los shows de Violeta empezaban siempre con una ortodoxa oración católica porque – según decía ella – "no hay más futuro que el que nos es dado ver por el Señor". Luego desbarraba cantidad, decía cosas rayanas en la herejía, hacía sus pronósticos que fallaba inexorablemente y tras un par de teatrales volteretas, salía del trance sin recordar nada de nada. Alfonso y yo nos descojonábamos de risa y la dejábamos ahí con sus trajes y sus copas y sus cartas y su incienso y sus cosas y nos íbamos de juerga hasta el amanecer (de los vivos).

Violeta era una farsante y, además, una fallona. Pero siendo eso público, tenía su consulta hasta los topes. De eso vivió hasta que se murió. Yo rezo todos los días por ella para que allí en el cielo le dejen hacer trampillas sobre el futuro y siga siendo feliz, la tramposa de ella.

El hombre es un ser trascendente. Nos guste o no, esa cantidad de neuronas que tenemos sumado a esas billones de conexiones eléctricas que pululan por nuestro tarro hace que nos preguntemos alguna vez en nuestra vida qué cuerno hacemos aquí y nos rebelemos contra la sola idea de que nuestra historia acabe aquí. ¿Por qué tengo conciencia del yo si ese yo desaparece? Luego la hipoteca, y los hijos y las reuniones y los consejos de administración y el paddle y la suegra nos llenan la vida de tonterías y nos podemos pasar años sin volver a pensar en esas cosas del más allá, liados como la pata de un romano con las del más aquí. Y así nos va la película.

Y es natural que así sea, porque pensar en lo trascendente implica necesariamente pensar en uno mismo sin más escudo que la piel. Y no es fácil porque tenemos más capas que una tortuga. Y muchas de esas ni sabemos ni, sobre todo, queremos quitárnoslas, porque nos protegen de un mundo hostil, pero, esencialmente, de nosotros mismos. Vivimos acomodados en unos principios mudables qual piuma al vento. Y cuando nos cruzamos con gente que vive aferrada a sus principios a pesar del oleaje, a contracorriente, superando vientos huracanados, los miramos con una cierta displicencia y pensamos – y a veces decimos – que son unos talibanes, fanáticos y ultraortodoxos, cuando no intolerantes y fascistas.

Pero no, hay mensajes que merecen mucho la pena. Para los cristianos (practicantes o no) es muy fácil conocerlos. Hace más o menos dos mil años nació un niño en Belén. Cuando se hizo mayor, se dedicó a lanzar mensajes de eternidad. No para el género humano, que también, si no para cada uno de nosotros. Y ahí sigue, el pesao del Él, buscando de todas las maneras posibles nuestra amistad.

Y muchos de nosotros, rechazándola.

Fue Lope de Vega, ese genio de enormes miserias y grandezas, quien lo plasmó de forma insuperable:

    ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

    ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío

    que a mi puerta, cubierto de rocío,

    pasas las noches del invierno escuras?

Nada tenemos. Es más fácil. Somos infinitamente amados por voluntad libérrima. Ahí empieza y acaba esta película. Tengo un amigo cura que gastó buena parte de su vida en el Raval de Barcelona entre putas, travestis y drogadictos. Contaba que en una ocasión una prostituta en la calle se le sinceró diciéndole que nada valía, ni ella ni su vida. Y Quico, se le quedó mirando, y le dijo: "tú vales toda la sangre de Cristo".

Y convirtió esa esquina de miseria en una esquina de esperanza.

De eso va este rollo.

De amar al prójimo. Nada más. Y nada menos.

El resto son milongas…

… pampeanas.

viernes, 7 de mayo de 2010

Los bingueros

Los bingueros eran, en esa especie de película de los años 70, los cómicos Fernando Esteso y Andrés Pajares, representantes genuinos de aquella España subdesarrollada, analfabeta y cutre que, entre la libertad de Jarcha y la baja cuna de Cecilia, se lanzaba a ser libre sin saber muy bien cómo. Creo recordar que la película iba de un par de imbéciles que intentaban solucionar sus problemas económicos fiándolo todo al azar.

Y de eso iba ese bodrio y de eso va este bodrio en el que el ínclito, y a la par, dórico, Don José Luis Rodriguez Zapatero, nos ha metido. Lo que pasa es que en esta película los imbéciles se cuentan por decenas. Y los palmeros de este desaguisado por millones. El primer binguero, si no me falla la memoria – que no me falla – fue el tuerto indestructible Don Pedro Solbes. Vamos a ver. Lo vi yo y lo vio toda España en el primer semestre del 2008 decir que "hablar de crisis es enormemente exagerado". A esas alturas ya los analistas pronosticaban un meneo económico de tres pares de narices. Y mi padre, que de economía no sabe nada, había escrito semanas antes el informe sobre la Crisis Ninja explicando lo que había pasado y pronosticando una crisis insondable, que es en la que estamos inmersos. Lo que pasa es que a Solbes, este binguero incapaz, le siguieron como una panda de retrasados toda la patulea económico – socialista – sindical, centraditos todos ellos en mantener sus cargos, sus visasoros, sus prebendas, sus mamandurrias y sus desvergüenzas a buen recaudo. Y los bancos, cajas de ahorro y consumer banks, con datos ardiendo encima de la mesa, se callaron como putas, bailando el agua al tuerto por aquello del "hoy por ti, mañana por mí", y sabiendo que si no daban caña al Gobierno, éste respondería salvándolos cuando los riesgos se dispararan, los activos que los soportan se devaluaran y entraran en quiebra. Como así ha sido. Quiebra que hemos salvado con nuestra pasta. La misma que nos piden con una desvergüenza sin par cuando nos retrasamos en el pago de la hipoteca. Gentuza.

Pero esto se ha acabado. Anda el de León aterrorizado. Ha descubierto tarde y mal que el dinero – ese bien fungible, como definieron los romanos – tiene más miedo que él. Y que el inversor lo que busca es forrarse. Y que cuando un país está peligro, el inversor serio se abre y el especulador lo masacra. Y, lo siento, seré profeta, pero esto no tiene vuelta atrás. Vamos directos a la intervención de Europa. No sólo por razones macroeconómicas (que también), si no por una fundamental: España no es fiable. Y eso, como los buenos economistas (y los políticos deberían saber) no se soluciona con un compadreo de chicinabo. Se han juntado el gótico con el "señor de los hilillos" (recuerdo la impagable imagen de Rajoy explicando que del Prestige salían unos hilillos de fuel, mientras la televisión nos mostraba como salía el petróleo a chorros enviando a los percebeiros a buscar percebes a Indonesia) y tras un apareo mediático – electoral, han parido un jodido ratón.

Y ese ratón es insuficiente para tranquilizar a los mercados. Lo sé yo y lo sabe todo el mundo. Menos ese par de imbéciles. Y lo de la Moncloa no era si no la última oportunidad de hacer algo serio. Ya está. Se ha perdido. España no remontará sin reformas estructurales de calado (financiera, laboral y un ajuste de los de verdad). Debería Zapatero mirar lo que hizo González que se metió en una reconversión necesaria y soportó huelgas y un lío social de narices para hacer lo que había que hacer. Pero es que (con todo lo que era González), las comparaciones son odiosas. Aquel era un gobernante. Este es un mindundi.

Un mindundi que vive acojonado intentando evitar que los sindicatos le monten un pollo mientras condena a la miseria a su país. Sin más. Lo que no sabe este es que los sindicatos le montarán un pollo igual en cuanto empeore la situación, que empeorará sin duda.

Es, además de un inútil, un inmoral al que el pueblo le importa tres huevos.

Hasta ahora el ínclito ha aguantado a ver si, por un casual, esto empieza a tirar y cantamos bingo.

Pero ya no. No cantaremos ni línea.

Esto se ha acabado.

Sólo cabe sentarse a esperar que reviente.

Que lo hará.

Sin duda.

jueves, 29 de abril de 2010

Mouriño

Piojoso, liendroso, potroso, enano, tripasdehule, hocicotordo, morroputa, mugroso, borracho, teatrero, cobarde, mojón, cabrón, pelotudo, payaso sudaleches, barriobajero, corrupto, papanatas, zumallo, zamarro, bribón, canalla, chuloplayas, mangurrino, pavón, cenutrio, cabezón, rencoroso, canalla, boludo, trucho, comemierda, soplagaitas, mamarracho, tontolaba, pendejo, tragasopas, villano, arrugado, traidor, tarado, pinche, baboso, cierrabares, bocabuzón, sinvergüenza, bilioso, mafioso, vuelcapupitres, pulgoso, fistro, pecador de la pradera, sinsorgas, fangoso, bocarratón, cateto, hipotenuso, pesao, obtuso, tragasables, malo, paquete, correveidile, chivato, bufón, cazurro, amargado, cretino, homologable, soso, cutre, violetero, perfumao, fumeta, paleto, pringao, hortera, cantón, haragán, borde, pocagracia, atontao, grifoso, mentecato, miserable, , moñas, palurdo, negrero, panoli, pelandusco, botarate, pesetero, pregonao, jartosopas, pijorroncho, abrazafarolas, pirado, porrero, almendrao, malabotonao, puñetero, ratero, roñoso, sabandija, sarnoso, soplaflautas, sopladordevidrio, tarugo, borde, tocapelotas, revientabaúles, torpe, vividor, vivales, zángano, tanguero, tahurdelmississipi, zopenco, merengón, zorronazo, vulgar, acojonao, ajqueroso, dictador, marimandón, basura, berzotas, bobo, apergaminao, broncas, cagao, calzonazos, ceporro, chorizo, desgraciado, cagamandurrias, descerebrado, hijodemilpadres, desubicado, bolero, pegacromos, engañabobos, filibustero, envenenasuegras, estafador, provocador, escocío, farsante, gángster, frustrado, patasgallo, delincuente, gañán, perillán, granuja, greñoso, guarrindongo, huevón, ignorante, tragalitronas, caraleches, colgao, sacamuelas, mentecato, mantecao, vivalavirgen, marsupilami, enano, gorilón, patoso, iluminao, pavo, vil, alpargatero, tacaño, negado, concentraodeuva, calimero, rijoso, poliasqueroso, megasudao, culibajo, cuellicorto, tuerto, atabacao, friki, indocumentado, robaculero, soberbio, alucinado, cizañero, marmota, vago, carroñero, botarate, tapia, leño, ordeñacabras, enjabonao, botijo, candelabro, parao, pulloso, caraculo, suplicao, vidrioso, lombriz, pastoso, atontolinao, taponado, cuentista, fantasioso, macarra, asaltaviejas, ratero, apandador, golfo, mindundi, gangosomental, zurrón, pelao, salido, mantero, abusón, binguero, buscón, secretariodeestado, creído, ganso, morralla, rufián, estreñido, quinqui, carcamal, besugo, empotrao, milonguero, blasonao, bergantín, pirata, triposo, panzudo, follonero, plúmbeo, chamarilero, alfeñique, petardo, pandillero, gusano, .enajenao, prescindible, mendrugo, chupacabras, versero, regadera, fantasmón, empanado, pijo, chaquetero, metepatas, bocazas, chorra, trolero, chupatintas, amañao, segundón, descontrolado, chupóptero, bluf, tocino, capuma, enchufado, culiprieto y tramposo.

Y si, un gran entrenador.

Eso sin duda.

domingo, 25 de abril de 2010

¡Volando voy, volando vengo!

Magma. Acumulación. Presión. Estallido... Un montón de piedras, agua y cenizas (¿a qué cacho de guijarros le llamarán cenizas?) por el aire y todo se ha ido a tomar el viento, nunca mejor dicho. O sea, Europa entera se ha paralizado porque a un puñetero volcán de una puñetera isla le ha dado por saludar un poquito y decir ¡hola, que estoy aquí! Uno de los miles que hay en el mundo. No quiero ni pensar lo que pasará el día que se junten dos amiguetes de piedra con ganas de juerga y decidan comunicarse a base de erupciones. Ese día apaga y vámonos con Al Gore a celebrar que el calentamiento global (y sí, la importantísima y trascendente vida humana) se ha acabado. O sea, el calentamiento, el enfriamiento y la tibieza. Y nos vendrá de perlas recordar que este planeta, cada "n" millones de años, envía a todos sus habitantes a la tumba para que las generaciones futuras puedan tener petróleo barato. Así que, partiendo de esa premisa, vivo tranquilo sabiendo que una ligerísima variación térmica en el sol puede suponer que acabemos todos como las langostas inglesas de Lloret o las alemanas de Mallorca. O sea, quemados hasta el tuétano.

Y si. De un plumazo se han pospuesto las reuniones fundamentales para definir ese peazo de fusión, esa cacho de comida en París para evaluar la posibilidad de crear un subcomité del comité que evalúe las oportunidades de las derivadas de las pre-conclusiones del informe plurianual de la reflexión de la incorporación de Turquía al arco mediterráneo inferior y suma y sigue. Y miles de paletos vestidos de Armani han colapsado las salas VIP de los aeropuertos gritando a sus secretarias - ¡por el amor de Dios, Conchi, consíguemelo! ¡Hazlo, que para eso te pago! ¡Sácame de aquí! ¡Arráncalo, Carlos, arráncalo! Y la Conchi – y muchas otras – habrán pensado que sí, que ahora a las seis se va a ver Gran Hermano Bis El Retorno Glam de las Mentes Maravillosas y que a su jefe le vayan dando mucha morcilla allí donde esté. Y que se joda en ese hotel de cinco estrellas con el salmón fumé y la madre que le parió. Ya lo sé. Ya sé que a mucha gente normal y corriente – gente pata negra – el volcán también se le ha llevado por delante trabajo, ilusiones, vacaciones y reencuentros. O sea, cosas muy serias. Pero la vida es así. Uno planea al milímetro, traza una línea recta como la del pantalón del traje de Mario Conde y llega la vida y pega un hachazo que envía el plan y todo lo que habíamos soñado al garete.

Vivimos en un mundo esclavo de la ciencia. Y todos, como si fuéramos tontos del culo, asentimos y decimos que sí, claro, que si el Comité Central de Listos de las Cenizas Aéreas lo dice, será por algo. Y lo mismo con la famosísima gripe A. Nos contaron una bola fastuosa – yo me la tragué hasta el fondo -, la Trini se gasto un huevo de pato en vacunas – a pesar de que había ya datos contrastados de su levedad en América Latina -, y ahí están, 11 millones de dosis en el despacho de Trinidad Jiménez esperando que alguien mire para otro lado y pueda tirarlas al contenedor de "metedura de patas", que es el de color rojo con la rosa y el puño. Al ladito del marrón de basura orgánica. Por si la ministra decide hacer un dos por uno y reciclarse ella en Bibiana Aído.

Hemos montado un tinglado en el que lo que mola es vivir aterrorizados. Por una razón muy simple: la gente con miedo es fácilmente manipulable. Y cuando no es el volcán y las peligrosísimas cenizas, es la gripe A y su similitud con la del 18, o no fume (yo durante años fumé en los aviones, con gravísimo peligro para el vuelo, según me cuentan ahora – tócate las narices, pelusín!), no beba, no se mueva mucho, sea mediterráneo, abandone el txoko, protéjase de todo y así vivirá fatal, pero un montón de años. ¡Hasta los viejos ya no se mueren de viejos, si no de enfermedades normales y corrientes! Y uno escucha aterrorizado: murió de un infarto y como tenía 102 años, no lo superó. ¡que no, coño, que se murió de viejo!

Creo que vivimos engañados. Y lo peor, esclavos de cosas que no entendemos. Nos fiamos de una peña que ha decidido, cada pocos meses, contarnos una milonga global. Y nosotros, en vez de decir que sí, que se vayan a la mierda, que aquí me quedo tomando el vermú (no bebas) con un puro (no fumes), bajo el sol de Menorca (tápate) con mi churri (protégete), corremos a pedir una coca cola zero, comer un caramelo sin azúcar (¡!) bajo una triste sombrilla y a hacernos análisis por si la parienta ha tenido un desliz.

Y claro, el hombre acojonado es menos hombre. En todos los sentidos, pero sobre todo en uno: es menos libre.

Lo dijo un santo: ¡ama y haz lo que quieras!

Pues eso.